22/9/16

Vulnerablemente fuera de lugar

Sí, me siento fuera de lugar. No lo puedo aguantar más. Mis ojos ya no pueden retener más lágrimas, tienen que salir todas a la superficie. Acaban de formar una incontrolable catarata. Un dolor muy fuerte en mi pecho amenaza con matarme de tristeza y no quiere remitir. ¡Qué pare! La cabeza me da vueltas, estoy mareada, siento en mi garganta unas náuseas que me anuncian que voy a vomitar. Los oídos no paran de pitarme de una manera brusca y cruel.

Ahora lo entiendo todo.

Todo, todo, todo.

Yo soy la mala. ¿Cómo no me he dado cuenta antes? Mi deber es quedarme fuera, al margen, para no dañar a nadie. Ataco a los demás intentando entrar, pero no les hago daño a propósito. Ellos creen que sí. Eso no quita que esté llena de veneno y si intento entrar los contagio. Soy como una enfermedad. Quiero encajar en un sitio, pero no podrá ser.


No hay lugar para mí.

Soy vulnerable porque no quiero mostrar lo verdaderamente mala que soy. Acumulo rabia, nervios, tensiones y malos pensamientos. El mínimo gesto o la mínima palabra me afecta. Y son cosas pequeñas que se guardan y van creando un nudo, una nube que explota para liberar tensión. Llorando, gritando y siempre desquiciándome. ¡Mierda! Como odio al mundo. A veces pienso que la vida sería más tranquila y que los que conozco serían más felices sin mí.
¿Qué haría pues? ¿Poner kilómetros y kilómetros de carretera entre ambos? ¿Entre los que quiero y yo? ¿Sería capaz de hacerlo? ¿O soy demasiado egoísta?

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