11/5/17

Las plagas de Moisés

Ruidos de chicas corriendo, pisando en el suelo con fuerza, golpes en las paredes. Seguidamente, sin acallar todavía los primeros, nuevos gritos resonaron por todo el orfanato, convirtiéndose en un griterío. Conforme salí de la habitación, no pude reprimir un gemido apesadumbrado. El pasillo estaba repleto de ranas que invadían, al parecer, todo el orfanato. Las chicas corrían de un lado a otro,
desorientadas, no sabiendo dónde esconderse.

El estallido era tal que me apresuré a bajar a la planta inferior, donde parecía que se habían dirigido todas las chicas. Sin embargo, una voz me paró en seco, tan miserablemente familiar que sentí repulsión.

Jesús.

—Dime una hora.

—¿Dónde estás, maldito? ¡Sé que esto es cosa tuya! — grité, furiosa.

18/4/17

Quinto mandamiento: No matarás

─ Quinto mandamiento: No matarás.

─ ¡No he matado a nadie! ¡Así que por esa no me hagas pasar!

─ ¡Vamos! ¡Claro que has matado! ¡Cómo todo el mundo! Has matado mogollón de moscas y otros bichos. De pequeña te encantaba pisar a las pobres hormigas que iban en fila cargadas con su comida para proveer su querido hogar. Eso sin contar con cucarachas, avispas, abejas, moscas, escarabajos, mosquitos…

─ ¡Los mosquitos te pican y te chupan la sangre! ¡Y su mordedura escuece y puede ser muy molesta!

─ ¡Tonterías! Las personas matan animales para poder comer; sin embargo, los mosquitos no te matan para alimentarse. El ser humano es malvado y egoísta por naturaleza.

3/4/17

Filo sangriento


Mi estómago se encoje, pues en mi corazón hay una daga muy cortante y afilada, con sangre en su filo procedente de mi interior. Quiere rajarme y sacarlo a ÉL de mi corazón. Pero yo sé que eso es imposible, pues está bien anclado a él. Tan al fondo que apenas se lo podría ver, aunque su presencia para mí es bien notable. Ni destrozándome al completo le podrían sacar de dentro de mí. Porque él forma parte de cada célula de mi cuerpo, cada músculo, cada hueso, cada tira de mi piel pálida como la porcelana.



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21/3/17

El vestido rojo



Recuerdo una noche en especial. Tu madre estaba hermosa, hermosa de verdad. Llevaba un vestido rojo. Era de raso y se le ceñía suavemente a su cuerpo. Era corto, no como para que fuera excesivo y extravagante, pero sí lo suficiente como para volverme loco. Aquella noche ansié tomarla entre mis brazos, pero era imposible. Ardía en deseos de besar aquellos labios carnosos coloreados a la par que el vestido. No parecía para nada una niña, sino una mujer hecha y derecha, sensual y sofisticada. Todo al mismo tiempo.

Si te apetece leer la historia completa, online o descargándotela en PDF, aquí puedes hacerlo de forma gratuita.

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15/3/17

Cruce de destinos. Capítulo 16


Sara no cesaba en su empeño de buscarle un novio a Valentina. No obstante, Aarón resolvió que eso no podía suceder y no flojeó ni un ápice su decisión de sabotear cualquier intento. Las casas rurales habían sido la excusa perfecta para las tentativas de Sara. Sin embargo, Aarón no vaciló en estropear todas y cada una de ellas.

Cada vez que Sara hacía presentación de un nuevo galán a Valentina, Aarón terminaba hablando con dicho chico para hacerle cambiar de opinión con excusas tales como: que tenía un hermano con muy mala leche que reparte tortas como panes, que ya tenía un novio, que prefería las mujeres pero todavía no había salido del armario...

 No sé que ocurre, Valentina. No sé porqué luego no te llaman ni siguen manteniendo contigo una conversación. ¡Buscarte novio no debería ser difícil!  bramó indignada Sara.

1/3/17

Simplemente ella


La observó completamente absorto. Era simplemente preciosa. Una esbelta silueta con curvas se adivinaba bajo una camisa roja y negra a cuadros que ella llevaba remangada a causa del calor y unos pantalones (de pitillo) vaqueros con algunos rotos e hilos sueltos al más puro estilo grunge. La camiseta negra de tirantes que llevaba a complemento de la camisa a cuadros, dejaba notar sus turgentes pechos, así como su pálida piel. Los finísimos dedos de sus delicadas y diminutas manos sostenían un bolígrafo azul con el cual escribía sobre la libreta estampada de rayas y cuadros que siempre llevaba metida en su bolso. Sin embargo, tenía las uñas mordidas, una costumbre de la cual no lograba zafarse y de la que daba inconscientemente muestras de avergonzarse, tapándose las manos con las mangas de las blusas. Las curvas de las que ella se quejaba constantemente a él no podían parecerle más sensuales. Su pelo lacio y  oscuro le caía en cascada por la espalda y a ambos lados de su angelical rostro. Era, simplemente perfecta. Simplemente ella.

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11/2/17

La misteriosa marca del demonio

Apenas había algún espejo en el convento, pero tenía la suerte de contar con uno pequeño de mano.
Aquel espejo era el que me miraba cada mañana. Sin embargo, no era suficiente. Necesitaba otro espejo. Quería afrontar aquello sola, sin ayuda. Ni de las hermanas, ni de mis amigas, ni siquiera de Sergio o Carolina. Planeé salir de la habitación cuando las hermanas se fueran a dormir. Fui a la otra punta del convento, al humilde baño que compartían el resto de chicas. Una vez que supe que todas estarían durmiendo salí de la cama y, linterna y espejo en mano, me dirigí a los baños. Encendí la luz y cerré la puerta. Había un gran espejo que colgaba de los descoloridos y mugrientos azulejos blancos. Con ayuda de ambos espejos, uno reflejando la imagen de mi espalda en el otro, acabaría descubriendo si existía dicha marca. ¿Estaba segura de querer conocer la verdad? Si era una farsa podía reírme del muchacho y pasar de él. Sin embargo, los miedos me arrasaron la cordura durante unos instantes: ¿y si descubría la marca del demonio? Aquel símbolo con forma de alas negras, como los de los ángeles caídos. Yo nunca había creído en aquellos demonios que debíamos estudiar en las clases. ¿Pero y si aquello era cierto? Mi mundo y todo cuanto conocía daría un vuelco monumental. Finalmente, me quité la camiseta del pijama, quedándome en sujetador, y me guié con ayuda de ambos espejos para descubrir la verdad.