21/3/17

El vestido rojo



Recuerdo una noche en especial. Tu madre estaba hermosa, hermosa de verdad. Llevaba un vestido rojo. Era de raso y se le ceñía suavemente a su cuerpo. Era corto, no como para que fuera excesivo y extravagante, pero sí lo suficiente como para volverme loco. Aquella noche ansié tomarla entre mis brazos, pero era imposible. Ardía en deseos de besar aquellos labios carnosos coloreados a la par que el vestido. No parecía para nada una niña, sino una mujer hecha y derecha, sensual y sofisticada. Todo al mismo tiempo.

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15/3/17

Cruce de destinos. Capítulo 16


Sara no cesaba en su empeño de buscarle un novio a Valentina. No obstante, Aarón resolvió que eso no podía suceder y no flojeó ni un ápice su decisión de sabotear cualquier intento. Las casas rurales habían sido la excusa perfecta para las tentativas de Sara. Sin embargo, Aarón no vaciló en estropear todas y cada una de ellas.

Cada vez que Sara hacía presentación de un nuevo galán a Valentina, Aarón terminaba hablando con dicho chico para hacerle cambiar de opinión con excusas tales como: que tenía un hermano con muy mala leche que reparte tortas como panes, que ya tenía un novio, que prefería las mujeres pero todavía no había salido del armario...

 No sé que ocurre, Valentina. No sé porqué luego no te llaman ni siguen manteniendo contigo una conversación. ¡Buscarte novio no debería ser difícil!  bramó indignada Sara.

1/3/17

Simplemente ella


La observó completamente absorto. Era simplemente preciosa. Una esbelta silueta con curvas se adivinaba bajo una camisa roja y negra a cuadros que ella llevaba remangada a causa del calor y unos pantalones (de pitillo) vaqueros con algunos rotos e hilos sueltos al más puro estilo grunge. La camiseta negra de tirantes que llevaba a complemento de la camisa a cuadros, dejaba notar sus turgentes pechos, así como su pálida piel. Los finísimos dedos de sus delicadas y diminutas manos sostenían un bolígrafo azul con el cual escribía sobre la libreta estampada de rayas y cuadros que siempre llevaba metida en su bolso. Sin embargo, tenía las uñas mordidas, una costumbre de la cual no lograba zafarse y de la que daba inconscientemente muestras de avergonzarse, tapándose las manos con las mangas de las blusas. Las curvas de las que ella se quejaba constantemente a él no podían parecerle más sensuales. Su pelo lacio y  oscuro le caía en cascada por la espalda y a ambos lados de su angelical rostro. Era, simplemente perfecta. Simplemente ella.

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