20/5/16
El final de la pesadilla
Eran las dos de la noche. Aquello era un antro frío y oscuro. Era tenebroso. Al menos, para mí. Todos parecían felices y se lo pasaban como si fuera la última noche de sus vidas.
Menos yo.
Mientras unos se llenaban como esponjas con litros y litros de alcohol, otros mataban sus pocas neuronas supervivientes con rayas de cocaína, o se fumaban un porro tras otro. Y en cada oscuro rincón de este miserable espacio angosto y claustrofóbico lleno del espeso y blanco humo una pareja que, seguramente a la semana siguiente se estaría liando con otras personas, se metían mano sin parar, como si nadie los viera.Y yo estaba en otro rincón, pero no con un chico, no. No haciendo nada de lo que ellos hacían. Me refugiaba en un vaso de fanta de naranja y fingiendo mandar mensajes por el teléfono móvil. De vez en cuando, también rulaba alguna que otra pastillita a mi alrededor. Oía a mis amigas comentar lo monas que eran las pastillas porque llevaban dibujos. Eran de esas pastillas alucinógenas que resultaban agradables a la vista pero que eran un infierno una vez que hubiese surgido su efecto en tu cuerpo.
Supuestamente, éstos eran mis amigos.
O lo que quedaba de ellos.
15/5/16
Cruce de destinos. Capítulo 5

Valentina sacó las llaves de su bolsillo y entró ilusionada en el piso después de haber ido de compras, esperando encontrarse con Aarón. Ya debía haber vuelto del trabajo. Deseaba hablar con él, tenían que dejar claros un par de puntos. Parecía que su "no relación" — no todavía — iba viento en popa. Aún no habían hablado sobre ellos en sí, pero creía ver en sus ojos el reflejo de las mismas mariposas que sentía ella revoloteando en su estómago.
Sin embargo, no estaba preparada para lo que iba a presenciar. Todo su mundo se derrumbó cuando desenmascaró el secreto de Aarón: sus labios pertenecían a otra mujer. Permanecía ajeno a su semblante inexpresivo. Tan abstraídos estaban tanto él como la muchacha desconocida que no se percataron del sonido que hizo la puerta al abrirse ni de cuando anteriormente ella introdujo la llave en la cerradura. Valentina sintió cómo sus ojos se fundían y se convertían en líquido. La hermosa muchacha se percató de su presencia y se separó de Aarón. Seguidamente, él miró a Valentina, completamente abochornado.
— Ah, no quería molestar. Puedo irme de nuevo — musitó Valentina con voz entrecortada cuando sintió los ojos inquisitivos de la advenediza muchacha.
— ¿Quién es, Aarón? — preguntó recelosa. En su tono brillaban los celos y la incertidumbre. Nada peor que una muchacha guapa para despertar a la fiera que una mujer puede llevar dentro de sus entrañas.
— Es Valentina, mi... prima — mintió Aarón. La voz le falló con la última palabra.
¿Prima?, pensó Valentina.
— De la que te hablé. La que vivía en Londres.
12/5/16
El amor de un hombre obsesionado

¡Mira en qué me he convertido por tu culpa! Yo te amaba, te sigo amando, aunque de una forma extraña. Parece como si me hubiera obsesionado por recibir tu amor, necesito que me lo demuestres - el chico se volvió loco. Ella estaba aterrada -. ¿Recuerdas el día de la nevada? ¡Qué felices éramos!
Hacía tanto frío... y nos daba completamente igual, sólo nos necesitábamos el uno al otro. Nunca jamás me había sentido así con alguien, sentía mi pecho inflado de amor, amor por ti, mi princesa sin tonterías. Anteriormente había intentado quitarme de en medio a través de la muerte y no lo conseguí. Y cuando te conocí, me aferré a la vida.
7/5/16
La princesa muerta. Capítulo 4

¿Todavía no has leído el capítulo 3? Léelo aquí.
— ¿Podemos hablar en privado? — pidió el rey, mirando a su hija con ojos suplicantes.
— ¿Por qué? ¿Acaso te avergüenzas de algo? ¿O es que tienes algo que esconder? — inquirió ella.
— No. Sólo quiero disfrutar de un momento en privacidad con mi única hija.
Ella se quedó pensativa durante unos momentos. Miró con ojos dulces al muchacho que le acompañaba quien le devolvió una mirada con cariño. Entonces, se dirigió a su padre y le habló con voz firme:
— Mi marido vendrá con nosotros. A él no le oculto nada.
5/5/16
Cruce de destinos. Capítulo 4

- Por favor, por favor, por favor... - suplicó Elena por millonésima vez.
- He dicho que no. María Elena, si quieres ir a la fiesta por mí estupendo, pero que conduzca otro.
Cuando alguien de su familia pronunciaba su nombre completo es que se avecinaba una buena bronca de la que no había marcha atrás.
- Nadie más tiene coche, papá.
- Claro, y a nadie más el pasa lo que a ti. Hija, tienes que espabilarte, volverte astuta y estratega.
- ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
- Mucho. Nos hemos gastado ya mucho dinero en tu coche. Antes de sacarte el permiso de conducir montabas sola en el bus y no pasaba ni media. Sugiero que tus amigos y tú vayáis en transporte público. Además, la gasolina está por las nubes. El dinero no cae del cielo.
- No hay autobuses por la noche.
3/5/16
Yo en el espejo
Camino hacia el espejo. Tengo miedo por lo que me pueda encontrar. He visto mi reflejo mil veces y me da la sensación de ser una desconocida. No reconozco mi rostro, ni mis ojos, mi boca ni mi nariz. Me toco la cara con mis delgados dedos, como si tocara algo con precaución, como si se pudiera romper o deformar fácilmente. Repito mi nombre muchas veces y lo escucho como si fuera extraño.
María, María, María, María, María, María...
Miro mi cuerpo, mi ropa, pienso en mi forma de caminar. Hablo. Mi voz resulta extraña, como si fuera la primera vez que la escucho. Pienso en mi familia, mis padres, mi hermano, sus nombres, su hablar, todo es tan extraño. Cuando veo una foto mía sé que soy yo, pero si me fijo detenidamente y la observo con atención me da la impresión de no saber quién es. ¿Nunca te has parado a pensar quién eres en realidad?
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1/5/16
Oscuridad y fuego
Un nudo en el estómago que no me deja ni responder a ninguna pregunta que me hagan. Todo lleno de color y sin embargo, sólo soy capaz de ver la parte oscura. Tal vez mis ojos estén ciegos. Una mariquita se posa sobre una flor cuya hermosura se refleja en sus pétalos, que parecen contener lentejuelas. El sol parece quemarme, aunque soy incapaz de verlo. Sus rayos son tan potentes que me queman la piel. Siento una llama atravesarme el pecho.
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