28/8/16

Uno más en la familia



Ambos se encontraban abrazados, completamente nerviosos, esperando un diminuto tiempo que les parecía eterno. Él acunaba la cabeza de ella entre su pecho y su brazo derecho. Intentaba mitigar los nervios de ella, aunque no es que él estuviera mucho más tranquilo. Era una decisión importante: sólo dos caminos que tomar. El reloj digital de su muñeca soltó un pequeño tipido, anunciando que el tiempo de espera había acabado. Ella se irguió y se miraron a los ojos con tanta ternura y tanto amor que jamás creyeron que hubieran sentido; ni siquiera entre ellos. Adelantaron sus cuerpos, dirigiéndolos hacia la pequeña mesa de cristal donde se encontraba el pequeño aparato que les comunicaría que sus vidas cambiarían a partir de ese momento tan exacto y preciso.

Rosa.


No había duda.

Ella ya lo había sabido. Se lo había imaginado al menos. Durante varios minutos miraron el test de embarazo sin percatarse de que el tiempo corría sin que el otro hiciera siquiera ademán de moverse. Como si estuviesen perfectamente sincronizados, se movieron al mismo tiempo, se miraron nuevamente a los ojos. Tal vez, buscando respuestas. Buscando ese camino por el cual encaminarían sus vidas. Se sonrieron. Dando constancia de una respuesta positiva.


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