30/8/16

Valeria se muere por ser actriz

Valeria no comprendía porqué nadie la respaldaba. Ni sus hermanos, ni sus amigos, ni sus padres, ni su pareja. NADIE. Pero su decisión era inapeable y tenaz: ansiaba convertirse en una gran actriz de teatro. Su novio, Samuel, su gran apoyo y compañero de piso también se mostraba reticente y receloso. El empleo de Valeria era el de camarera a tiempo parcial. El de Samuel, profesor de judo. Ella dedicaba su tiempo libre a presentarse a diferentes casting a escondidas de todo el mundo.

Recordó la humillación sentida cuando la rechazaron la primera vez que se presentó a un casting. Fue la excusa perfecta de sus más allegados para quitarle de la cabeza aquella idea absurda. Sin embargo, ella persistió en su intento. Valeria advirtió que con cada casting se sentía más y más segura. Comenzaron a darle papeles menores, personajes secundarios. Nadie sospechó nada, ni siquiera su novio, con quien vivía. Se las ingeniaba suficientemente bien para inventar coartadas e historias que él siempre creía.

Durante dos años consiguió llevar su doble vida secreta, camarera y actriz de teatro. Y llegó el día más soñado para ella: logró convertirse en la protagonista, el personaje más relevante en su carrera. Es entonces cuando su presencia fue más necesaria que en las anteriores obras y se vio en la obligación de inventar excusas y mentiras más elaboradas para explicar a su pareja sus ausencias. Patrañas como turnos más largos en el trabajo o quedadas con alguna amiga.

Las sospechas comenzaron a abarrotar la mente de Samuel quien, lleno de celos, relacionó las ausencias de su novia con una infidelidad. Valeria se encaminó hacia su casa y cuando Valeria llegó, completamente cansada después del ensayo, Samuel se hallaba sentado en el borde de la cama con sábanas de franela blancas que ambos compartían. Los puños cerrados sobre las piernas entreabiertas y la mirada baja en un punto fijo en la alfombra verde y azul de trapillo. Él mismo apenas advertido que sus ojos estaban llenos de lágrimas.

— ¿Qué te ocurre? — inquirió ella.

— Últimamente no te veo nunca. ¿Dónde demonios estabas?

— Trabajando — mintió ella con toda naturalidad. Últimamente ya estaba acostumbrada a hacerlo.

— ¡Mentira! — gritó él —. He llamado al restaurante. Me han dicho que hace horas que acabaste tu turno.

— Bueno, porque después he estado con una amiga... ¿no te acuerdas? Ya te lo dije — improvisó Valeria en un segundo.

Él no se lo creyó.

— Sé sincera, ¿me estás engañando con otro hombre?

Valeria se echó a reír, nerviosa. No le estaba engañando, por supuesto. Sólo estaba realizando su sueño de ser actriz. Se sentía feliz de haberse convertido, por fin, en la protagonista.

— Desde hace unas semanas te veo más feliz de lo normal. Por eso lo creo.

— Te lo juro. No te engaño. Por favor, confía en mí.

— No sé...

—Te necesito — le susurró al oído mientras se tumbaron en la cama —. Jamás podré amar a otra mas que a ti.

— Siento lo mismo por ti. Tú y yo estaremos juntos para siempre.

Sin embargo, su explicación no lo convenció. Los celos se comían las entrañas de Samuel, así que tomó una difícil e inmoral decisión: seguirla después del trabajo. Se sentía dolido, creyendo realmente que podría pillarla cometiendo un acto despreciable.

Él la esperó después del trabajo y descubrió cómo Valeria no se dirigía hacia el piso que compartían, sino hacia otro lugar que él desconocía. Iracundo y dolido recorrió silenciosamente las calles, persiguiendo la sombra de su novia infiel.

Al cabo de unos minutos, se sorprendió viendo a Valeria pasar al teatro de la ciudad. Él aguardó durante unos instantes, indeciso y extrañado, hasta que decidió entrar.

— No puede pasar sin entrada — le anunció el guardia. Así que Samuel se vio en la obligación de comprar una. Apenas quedaban unas pocas sin vender — Has llegado pronto, pero vendrá más gente. Así que has tenido suerte.

Entró en la sala principal y se sentó en la butaca correspondiente, esperando impacientemente. La espera se le hizo eterna. Sobre cada una de las butacas reposaba un folleto informativo. En la página principal se dibujaba una foto de Valeria con su nombre escrito, apareciendo como personaje principal, bajo el nombre de la obra. No podía creérselo. Estaba aturdido todavía, sus ojos fijos en la fotografía del folleto. Se apagaron las luces y se abrió el rojo telón.

Inicialmente aparecieron varios personajes, hablando sobre la muerte y otros tantos temas. Entonces, apareció una misteriosa muchacha encapuchada y después de hablar con un tono agudo de voz que a Samuel le pareció familiar, se quitó el capuchón, descubriendo su semblante hermoso.

Era Valeria.

Ahí estaba ella, perfecta en su papel de protagonista, interpretando su personaje a la perfección. Él apenas podía creérselo. La gente aplaudía al final de cada acto. No apartó la mirada ni pestañeó con cada escena. Parecía tan natural, tan perfecta. Sin duda tenía talento. ¿Cómo no lo había visto antes?

Cuando finalmente la obra terminó, la gente se levantó y aplaudieron como si les fuera la vida en ello. Apareció Valeria en lugar último, como una gran estrella. Sin embargo, ella miraba al público con ojos humildes. Estaba emocionada, sus ojos nublados de lágrimas.

Samuel se sintió orgulloso y dichosamente feliz.

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